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VALOR OBJETIVO DEL VALOR ..

La teoría marxista del valor plantea una caracterización del funcionamiento y de la crisis del capitalismo a partir de una interpretación de la explotación y de una ley de formación de los precios. Postula que el trabajo abstracto es la sustancia del valor y analiza la forma del valor a través de una crítica al fetichismo de la mercancía y el dinero. Indaga cómo los cambios en primer lugar en la productividad y en segundo término en las necesidades sociales modifican el tiempo socialmente necesario para la producción de las mercancías y puntualiza de qué forma impactan estos cambios en el proceso de valorización. También esclarece porqué la asignación mercantil de los recursos crea un marco de desequilibrios acumulativos que desembocan en las crisis periódicas.

La teoría marxista del valor subraya la relevancia que tiene el trabajo como fundamento del proceso económico.

En oposición a la ortodoxia plantea que la utilidad es una condición objetiva para el consumo de las mercancìas y no un paràmetro de la satisfacción personal. Critica el rechazo pragmático del concepto de valor por parte de los neoclàsicos, señalando que conduce a una descripción superficial de los acontecimientos del mercado.

La teoría destaca la importancia del valor para comprender las causas y los límites del condicionamiento institucional de la economía y de la manipulación monopólica de los precios, que la heterodoxia presenta como los rasgos predominantes del capitalismo contemporáneo. Subraya además, que el valor es indispensable para entender la lógica de las variables distributivas y de las condiciones técnicas, que los neoricardianos consideran suficientes para interpretar los precios, la ganancia y la acumulación.

La teoría marxista le asigna al valor un significado preciso, frente al uso difuso de este concepto que predomina en la actualidad. Se han desarrollado, por otra parte, importantes aplicaciones empíricas de esta categoría en el terreno de la crisis y del intercambio desigual. Los debates más recientes entre los marxistas giran en tornoa tres temas: la resolución lógica del problema de la transformación, la comprobación empírica de la correlación entre los valores y los precios y el significado político del valor.

LA ACTUALIDAD DE LA TEORÍA OBJETIVA DEL VALOR

La teoría marxista del valor contempla tres aspectos: una interpretación de la explotación, una ley de formación de los precios y una concepción sobre el funcionamiento y la crisis del capitalismo. Al integrar estos componentes, la teoría ofrece una explicación de cómo se reproduce el sistema económico-social vigente y cuales son los desequilibrios intrínsecos que dificultan su perdurabilidad.

Debido a esta significación la teoría fue tradicionalmente muy cuestionada por las concepciones ortodoxas y heterodoxas, que propusieron caracterizaciones alternativas del valor para explicar las relaciones entre el salario y el beneficio, el origen y comportamiento de los precios y la dinámica general de la acumulación. Las cuatro principales objeciones a la teoría marxista fueron planteadas por las corrientes austrìaca y walrasiana de la ortodoxia y por los autores neokeynesianos y neoricadianos de la heterodoxia.

Dentro del marxismo predomina un generalizado reconocimiento de la importancia del valor. Pero se ha polemizado intensamente en la definción de las conexiones lógicas y empíricas existentes entre los valores y los precios y en la caracterización de la relevancia polìtica del valor. Revisar los ejes de la teoría y debatir sus críticas y su defensa permite comprender porqué esta concepción comienza a recobrar actualidad y puede llegar a inspirar una renovación del pensamiento económico.

Teoría subjetiva del valor

Entonces, ¿qué visión tenia Menger sobre el valor?, ¿cómo se entiende la teoría subjetiva del valor?, y ¿qué aplicaciones se pueden sacar de ella?

Según Menger cada agente económico asigna su propia valoración a los bienes, por lo que no puede afirmarse, económicamente, que los precios dependan de los costes sino todo lo contrario. Efectivamente, el precio de un producto o servicio no se crea siguiendo la suma de todos sus costes más el margen del empresario, sino que es al contrario, al producto se le asigna en el mercado un precio y a partir de aquí se moldean sus costes. Un producto puede salir al mercado por encima de la suma de sus costes o por debajo, eso lo decide el empresario, y según la respuesta del consumidor, la competencia y los procesos de producción los costes se van moldeando al mejor precio del momento que es el que demanda el cliente. En realidad la teoría subjetiva del valor es anterior a Menger, incluso es anterior a Adam Smith. Las primeras ideas las encontramos en los escolásticos españoles del s. XVI. “Así [según Jesús Huerta de Soto] otro notable escolástico, Luis Saravia de la Calle basándose en la concepción subjetivista de Covarrubias, descubre la verdadera relación que existe entre precios y costes en el mercado, en el sentido de que son los costes los que tienden a seguir a los precios y no al revés, anticipándose así a refutar los errores de la teoría objetiva del valor de Carlos Marx y de sus sucesores socialistas[2]: ‘Los que miden el justo precio de la cosa según el trabajo, costas y peligros del que trata o hace la mercadería yerran mucho; porque el justo precio nace de la abundancia o falta de mercaderías, de mercaderes y dineros, y no de las costas, trabajos y peligros’[3].

Entonces, el valor es subjetivo en cuanto cada individuo asigna un valor a las cosas y luego un precio según la escasez temporal de éste en el futuro y según sus necesidades. Es absurdo, pues, los controles de precios del estado cuando, suponiendo un ejemplo, crea una ley donde los botellines de agua no puedan valer más de un dólar porque de no ser así perjudicaría al consumidor. ¿Por qué un dólar, y no un dólar y un céntimo, o noventa y nueve céntimos? ¿Transgredir este precio sería una violación a los derechos del consumidor o productor? ¿Los botellines de agua han de tener el mismo precio en todos los bares de una ciudad despreciando el poder adquisitivo de la zona? ¿Cómo sabe el estado cuál es precio justo para cada uno de los consumidores? Si yo me he aventurado a hacer un trayecto con bicicleta por una larga montaña sin agua y veo que, tras varias horas de pedalear, hay alguien que me vende un botellín de agua por 10 dólares y yo acepto comprársela ¿está este individuo vulnerando el precio justo de mercado de un dólar? ¿Está actuando anti–económicamente? La respuesta es, evidentemente, no. Lo que ha pasado es que mi necesidad por un trago de agua en ese momento era inmensa y he sido capaz de pagar 10 dólares porque realmente lo necesitaba. Ésta ha sido una transacción pacífica y de mutuo acuerdo donde tanto el vendedor del agua como yo, el consumidor, hemos salido ganando, ya que él se ha quedado con mi dinero, que apreciaba más que su agua, y yo me he quedado con el agua, que apreciaba más que los 10 dólares que he desembolsado para poderla adquirir. Y es que ninguna ley estatal o matemática puede parametrizar las necesidades de cada individuo ya que estas son subjetivas y contingentes.

En un momento determinado yo puedo estar dispuesto a pagar un precio justo por un producto, —que puede ser caro para otro individuo; pongamos “A”—, pero incluso así, tal vez 10 minutos o un mes más tarde ese precio, que a mi me parecía justo y al individuo A le parecía caro, ahora a mi me parezca impagable y al individuo A le parezca una ganga. Sólo el empresario es capaz de advertir esta información subjetiva de su entorno y aplicarlo sobre sus procesos productivos ofreciendo el “precio adecuado”, y es que, en realidad, la última palabra siempre será del consumidor, del cliente ya que tendrá que intercambiar de forma pacifica y contractual un producto (dinero), que estimará en menos valor, por otro producto (el bien económico concreto ya sea un producto o servicio). Es decir, 1) el cliente quiere canjear dinero por un bien económico, 2) éste dinero es menos valioso para él que el bien económico que adquiere, de lo contrario no pagaría; y de forma análoga 1) el oferente canjea su bien económico, el que él ha producido, por 2) otro bien que tiene mayor valor para él, es decir, el dinero de su cliente. De existir desacuerdo en alguno de estos puntos ni el cliente ni el oferente cruzarían ninguna operación comercial.

AUTOR:

 Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico.
Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE) y Poder Limitado entre otros.

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